Cada verano repetimos el mismo ritual: arden nuestros montes, se suceden las imágenes dramáticas, los minutos de silencio y las declaraciones solemnes. Y cada otoño, cuando las cenizas se enfrían, volvemos a olvidar la lección. Desde la Asociación Superior de Ingeniería de Andalucía (ASIAN) queremos hacer un llamamiento a la responsabilidad: es hora de escuchar más a los técnicos y profesionales, y menos a los mensajes de pancarta.
Y con los mensajes de pancarta nos referimos a una sola cosa: la ideología. Para apagar los incendios no hace falta ser de derechas ni de izquierdas. Solo hay que saber de una cosa: de prevención. No es una cuestión de ideología, sino de conocimiento. España cuenta con un capital humano extraordinario en sus administraciones públicas: ingenieros, agentes forestales, técnicos de emergencias, funcionarios magníficos que conocen el territorio y saben lo que hay que hacer.
El problema es que con demasiada frecuencia no les dejamos hacerlo. Un exceso de celo normativo ha permeado ya demasiados despachos, y sin darnos cuenta, hemos levantado un entramado de trabas burocráticas que convierte cualquier actuación preventiva en una carrera de obstáculos: autorizaciones que tardan años, informes redundantes, normativas superpuestas de distintas administraciones que se contradicen entre sí. La gestión eficiente no es enemiga de la garantía jurídica ni del control público; lo que es enemigo del interés general es la parálisis.
El ejemplo más sangrante lo tenemos en la prevención de incendios forestales. Nuestros montes acumulan cantidades ingentes de biomasa: matorral, restos vegetales, arbolado sin gestionar. Ese material es, literalmente, el combustible que alimenta los grandes incendios. La ciencia forestal lo dice con claridad: sin combustible difícilmente habrá un gran incendio, por muchas olas de calor que padezcamos. Y, sin embargo, limpiar el monte se ha convertido en una odisea administrativa, cuando no en un tabú.
Algunos confunden el respeto medioambiental con la inacción, y entienden que la mejor forma de proteger la naturaleza es no hacer nada. No se trata de eso. Es, precisamente, lo contrario. Menos ideología y más acción. Precisamente porque el clima está cambiando —veranos más largos, sequías más severas, episodios meteorológicos más extremos— es más urgente que nunca valorar esos riesgos con datos y planificar con conocimiento y con rigor. El cambio climático no es una excusa para protestar en lugar de actuar: es la razón principal para actuar ya. La verdadera política ambiental no es la que se limita a prohibir, sino la que gestiona; no la que saca las pancartas, sino la que analiza la situación; no la que fotografía el problema, sino la que lo resuelve.
Por ejemplo, la biomasa que hoy arde sin control podría ser un recurso estratégico. Si se favoreciera la limpieza ordenada de los montes para su aprovechamiento energético, obtendríamos un triple dividendo. Primero, reduciríamos drásticamente el riesgo de incendio al eliminar gran parte del combustible disponible. Segundo, generaríamos energía renovable y gestionable, reduciendo nuestra dependencia energética del exterior en un contexto geopolítico que ha demostrado lo cara que se paga esa dependencia. Y tercero, crearíamos empleo y actividad económica en el medio rural, precisamente en las comarcas que más sufren la despoblación y que son la primera línea de defensa contra el fuego. Un monte gestionado es un monte vivo, con gente que lo cuida y lo vigila. Un monte abandonado es una bomba de relojería.
Desde la ingeniería andaluza ofrecemos lo que sabemos hacer: analizar, cuantificar, diseñar y ejecutar soluciones. Y pedimos a las administraciones tres cosas concretas: simplificar los procedimientos para las actuaciones preventivas en el monte, dotar de medios y de autonomía a los excelentes técnicos que ya tenemos, y apostar decididamente por el aprovechamiento de la biomasa forestal como herramienta de prevención y como fuente de energía para nuestra tierra.
Las pancartas emocionan, pero no apagan incendios ni evitan que se produzcan. Proteger nuestros montes, nuestro territorio y nuestra gente no es tarea de unos pocos: es una obligación colectiva que nos compromete a todos —administraciones, profesionales y sociedad— y que solo se cumple colaborando, con planificación, con ciencia y con rigor. Desde ASIAN estamos dispuestos a asumir la parte que nos corresponde, aportando nuestro trabajo y nuestro conocimiento a la planificación estratégica que este reto exige. Ofrecemos manos y criterio; pedimos, a cambio, que se escuche a los técnicos y se les deje trabajar. Es lo que Andalucía y España merecen.
Juan López-Escobar
Presidente de la Asociación Superior de Ingeniería de Andalucía (ASIAN)